Educación

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La función educativa de una gran ciudad que es capital del Estado supera las meras enseñanzas formales. Además de la educación reglada y las casi infinitas enseñanzas no regladas, la ciudad cuenta con múltiples recursos educativos complementarios, como conferencias, exposiciones y museos. La oferta educativa, al menos por su diversidad, es muy superior a la de otras ciudades españolas.


Enseñanza no universitaria[ ]

En las enseñanzas no universitarias siempre ha sido muy importante el sector privado, que buscaba la rentabilidad que sólo una gran ciudad podía proporcionarle y que controlaba la formación de las élites políticas y económicas. Con el sistema de centros concertados (titularidad privada, pero subvencionados con fondos públicos) la proporción de alumnos en la enseñanza privada ha crecido mucho recientemente, superando en numerosos distritos a la enseñanza pública. La Iglesia es propietaria de muchos de los colegios de mayor prestigio y tradición, y algunos de ellos son ahora concertados. Entre los colegios con solera se podría destacar el de Nuestra Señora del Pilar, de los marianistas, situado en un edificio gótico modernista declarado Bien de Interés Cultural, en el barrio de Salamanca. Está ubicado frente a otro de igual carácter, el de las ursulinas de Nuestra Señora del Loreto, un edificio histórico neomudéjar.

Por otra parte, en Madrid han existido experiencias educativas e iniciativas pedagógicas únicas, como la de la Institución Libre de Enseñanza (1876), continuada en el Instituto Escuela (1918) y retornada desde 1940 por el Colegio Estudio Aravaca).

Los últimos años se han caracterizado por un decrecimiento intenso del número de alumnos de todos los niveles educativos, debido al descenso de la natalidad desde finales de los setenta. Madrid ha pasado de tener grandes carencias de plazas a tener exceso de oferta en algunos barrios o en determinados estudios, si bien hay zonas jóvenes del sur que pueden tener necesidades concretas, especialmente en educación infantil y primaria. La disminución de alumnos empezó hace dos décadas en el nivel infantil y actualmente llega a la enseñanza superior. Aún hay desequilibrio entre oferta y demanda de las enseñanzas públicas de FP y sobre todo en Educación Especial. A pesar de ello, la ciudad tiene una posición privilegiada en cuanto a las posibilidades educativas de personas con discapacidad, ya que es en la capital donde se sitúan las principales instituciones educativas públicas y privadas (Colegio de la ONCE), muy escasos en el territorio nacional.

De 1969 a 1979 se produjo la clausura o desplazamiento al área periférica de cincuenta y cinco colegios de la capital, proceso especulativo que provocó la supresión de 13.025 plazas y generó largos trayectos cotidianos de los alumnos a los nuevos emplazamientos periurbanos. Los nuevos campus universitarios también se crearon en espacios suburbanos, para evitar conflictividad y disponer de suelo más barato. La primera universidad que se trasladó al exterior fue la Autónoma, establecida en Cantoblanco en 1971, y en los años noventa nuevas instalaciones universitarias privadas se situaron en municipios próximos a la capital.


Universidades[ ]

En la actualidad Madrid cuenta con seis universidades públicas, tres de ellas en su propio término municipal: Complutense, con 97.388 alumnos en el curso 2000-2001, Autónoma (30.740) y Politécnica (43.496); y tres próximas a la ciudad: en Getafe-Leganés se localiza la Carlos III, con 13.581 estudiantes, en Alcorcón-Fuenlabrada-Móstoles, la Rey Juan Carlos (9.069) y la de Alcalá de Henares (19.754). La sede principal de la UNED está localizada también en la capital. Hay además siete universidades privadas con estudios reconocidos: Alfonso X el Sabio (Villanueva de la Cañada), Antonio de Nebrija (La Berzosa), Camilo José Cela (Villafranca del Castillo), Europea de Madrid (Villaviciosa de Odón), Pontificada de Comillas (Madrid y Cantoblanco), Pontificada de Salamanca (Madrid y Majadahonda) y San Pablo CEU (Madrid y Boadilla del Monte). A ellas asiste algo más de 40.000 alumnos. La oferta también cuenta con el centro privado Francisco de Vitoria (Pozuelo), adscrito a la Complutense, y varias universidades americanas con estudios no reconocidos.

En Madrid el barrio universitario por excelencia es Moncloa, próximo a la Ciudad Universitaria. No sólo se evidencia por la abundancia de librerías científicas, talleres de encuadernación, tiendas de ropa juvenil o locales de ocio, sino por estar muy marcado por las variaciones de la alternativa estudio/vacación.

A consecuencia del desarrollo de las autonomías, los estudios superiores experimentaron una descentralización espacial, y por ello el área de influencia de la función universitaria de Madrid ha cambiado profundamente en los últimos veinte años. Antes pocas capitales de provincia contaban con estudios universitarios y muchos estudios, sobre todo de tipo técnico superior, sólo podían ser cursados en la capital. Hoy cuarenta y ochos universidades públicas, dieciocho privadas y la UNED están distribuidas por el territorio estatal. La función educativa ha pasado a ser más local, perdiendo valor como servicio regional y nacional. Sin embargo, aún unas pocas carreras siguen teniendo un área de atracción nacional, como Ingeniería Aeronáutica o Naval o Minas.

Cuenta con gran variedad de estudios de Tercer Ciclo, máster y posgrado, algunos muy bien valorados (MBA, ICAI-ICADE, Ortega y Gasset), que, además de formar, cumple una función selectiva y de segregación y reproducción social.


Alumnos Extranjeros[ ]

Durante el curso 1999-2000, en algunos colegios públicos y concertados de Centro y Chamberí los alumnos extranjeros llegaron a representar el 60% del alumnado. En el curso 2001-2002, ya suponen el 80% del alumnado en algunos centros públicos de Lavapiés, donde los españoles se convierten en minoría y la educación compensatoria, es una necesidad creciente. Algunos alumnos españoles abandonan los colegios con alta proporción de extranjeros, éstos procuran concentrarse en colegios donde la inmigración sea abundante y los colegios concertados tratan de evitar la matriculación de inmigrantes, por lo que se acumulan en la enseñanza pública (78% de los alumnos extranjeros) y se están produciendo procesos de guetización. En la Educación Primaria hay una gran diversidad de nacionalidades, destacan por su número los de nacionalidad ecuatoriana, que son el 21% de los alumnos extranjeros, ocupando la segunda posición los marroquíes, dominicanos y filipinos. La gran diversidad de lenguas maternas dificulta en gran medida el proceso de aprendizaje. En Secundaria los alumnos pertenecen a menor número de nacionalidades y los más numerosos son los chinos, seguidos de los ecuatorianos. Esto es debido en parte a la estructura por edad de los diversos grupos inmigrantes, pero sobre todo a sus diferencias socioeconómicas.

Los inmigrantes de paises ricos tienen en Madrid sus propios colegios, a los que asisten también alumnos españoles, entre ellos se encuentran el Alemán, Americano, Japonés, Británico, Liceo Francés o la Escuela Italiana. Algunos países árabes poseen centros educativos para atender a su población, como los de Arabia Saudí, Libia e Irak. Muchos de ellos son los únicos colegios establecidos en España, otros cuentan con varias sedes.


Enseñanzas Artísticas[ ]

Las enseñanzas artísticas han tenido un fuerte desarrollo en época reciente y cuentan con numerosos centros, como el Real Conservatorio Superior de Música, la Real Escuela Superior de Arte Dramático, el Real Conservatorio Profesional de Danza, La Escuela de Cinematografía y del Audiovisual de la Comunidad de Madrid (ubicada en la Ciudad de la Imagen), y cientos de centros privados que ofrecen prácticamente todas las opciones posibles en formación.


Universidades y Ciencia[ ]

La relación de Madrid con la Universidad viene de antiguo. Desde principios del siglo XVI, la Universidad de Alcalá de Henares, creada por el cardenal Cisneros, sirvió a la formación de los estudiantes madrileños. Su profesorado y enseñanzas se trasladaron a principios del siglo XIX a la capital: la Universidad Central seguía así el modelo de las reformas liberales, que tenían -con retraso- a la incorporación de los saberes positivos. Al comenzar el siglo XX, la Universidad de Madrid era la más importante del país, de acuerdo con el rango de los reformadores. Era la que más profesorado tenía, de máxima calidad supuestamente, pues muchos terminaban en ella su ascenso por el escalafón, y la que poseía todas las facultades, ya que además de Medicina y Farmacia tenía una de Ciencias, en la que comenzaba -aun con dificultades- a hacerse más moderna la enseñanza de saberes punteros. Al empezar el siglo, y durante décadas, varios planes de estudio dejarían cerrado el marco de los estudios superiores. Éstos se completaban en Madrid con la docencia, más práctica y acorde con la evolución profesional, que era impartida en las escuelas de ingeniería.

La concesión de terrenos por Alfonso XIII a la universidad madrileña permitió poner en marcha un proyecto que otorgaba importancia a una adecuada infraestructura en la función científica y en la transmisión educativa. Desde las viejas aulas de San Bernardo, y poco a poco, en la Ciudad Universitaria madrileña se irían rescatando tradiciones, la anglosajona o la misma española, basada en la armonía de maestros y discípulos. Pero esas tradiciones trataron de adecuarse a las nuevas necesidades del espacio y a sus simbologías: aulas funcionales y llenas de luz, laboratorios y bibliotecas bien dotados, campos de deporte, formas de asociación... En esta espectacular innovación, que comenzó a sembrar los hermosos terrenos de la Moncloa con modernas edificaciones (para Medicina -que llegaría a acabarse antes de la guerra-, Farmacia y Estomatología, Derecho y Filosofía), Florestán Aguilar y Juan Negrín fueron decisivos. Un nuevo Hospital Clínico, con un actualizado concepto de la investigación -inseparable de las cátedras-, estaría destinado a ofrecer la expansión material que los añejos edificios de la calle Atocha no permitían ya. Cuando hombres como Juan Negrín o Carlos Jiménez-Díaz se aprestaban a comenzar el trabajo, empezó por desgracia la Guerra Civil. El frente se mantuvo, durante largo tiempo, en la nueva Ciudad Universitaria, que quedó así destruida.

La Universidad de Madrid en la posguerra retrocedió algo más que unas décadas. Bajo el oscuro manto del rector Zabala, y con una Ley de Ordenación Universitaria (1943), que subordinaba los supuestos científicos a la teología, creció la vocación autoritaria, la imposión sin límite sobre los individuos y sobre las ideas. Exiliados, depurados o desaparecidos muchos de aquellos profesores que habían apostado por el cambio científico, se llenarían las cátedras, de un día para otro, con los que eran más fieles, los menos exigentes en cuanto a esa tarea, tan llena de conflictos y a veces difícil de explicar que es la investigación. La penuria económica y el control de las aulas marcaron un período crítico, más que difícil, para la vida universitaria y, dentro de ella, para una continuidad en la investigación. La recuperación, y el crecimiento, del campus madrileño serviría de símbolo entre tanto al nacimiento de un 'Estado nuevo', que querría integrar el clasicismo humanista en su totalitaria función política, tal como reza la sentencia latina con la que se corona el Arco del Triunfo que hay en su entrada. Una experiencia sin embargo nueva, de apertura ideológica y de recuperación de la tensión científica, llegará a producirse a principios de los años cincuenta, cuando bajo el ministro Giménez alcanza el rectorado el falangista Pedro Laín, que sólo mantuvo un quinquenio. En un tiempo tan breve, la que se llamó entonces, simplemente, Universidad de Madrid, mostró claras mejoras en la elección de su profesorado, intentó el rescate de exiliados científicos y, sobre todo en las especialidades médicas, avanzó en la modernización de las enseñanzas. A raíz de ahí comenzarían las ayudas externas. Empezó a ser más atractivo dedicarse a la docencia universitaria y los laboratorios empezaron a funcionar. El ministro Manuel Lora-Tamayo concibe al fin una universidad moderna, en la que la intensa dedicación a la investigación debería ser posible. Los ministros Jesús Rubio García-Mina y Lora-Tamayo -con la Ley de Reordenación de las Enseñanzas Técnicas de 1964, y sobre todo la Ley General de Educación (LGE)- reúnen los estudios de ingeniería técnicas, y las viejas escuelas especiales, importantes por su relación con la industria, se unen en la Universidad Politécnica de Madrid.

La ley del ministro José Luis Villar Palasí marcó el fin de la universidad heredada del XIX, incorporando mejoras docentes y, por diversos cauces, facilitando la investigación. La misma LGE acabó con la exclusividad de la antigua universidad liberal-moderada (que el franquismo hizo suya), inaugurándose otros centros ('centros modelos') en la misma capital y en Barcelona. Ya el nombre de éstas (Universidad Autónoma: de Madrid, o de Barcelona) hacía pensar que se trataba de algo vivo, capaz de organizarse por caminos propios. Se rescata también la vieja Alcalá, a la que tratará de distinguirse de su indiscutible heredera, ahora llamada a su vez, Complutense de Madrid.

La transición democrática, con Adolfo Suárez y su breve ministerio de Universidades e Investigación, significó la primera consideración efectiva de la autonomía universitaria, pero aun así continuaron existiendo fronteras difíciles de salvar para las distintas comunidades. Con el Estado de las autonomías, la Comunidad de Madrid ha empezado a entender en materias de educación. Las universidades -y no en grado menor las de Madrid (que además de las citadas incluye también la Universidad Nacional de Educación a Distancia, la Carlos III, la Rey Juan Carlos y otras privadas)- han respondido muy dignamente a un reto como éste, el planteado por las autonomías, que aún está por ver cómo afectará al desarrollo de la ciencia madrileña.


(Basados en los artículos de Ana Olivera Poll, Elena Hernández Sandoica y José Luis Peset para Madrid Siglo XX. Enciclopedia)