Zonas verdes

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La distribución de las zonas verdes tiene una gran influencia en la configuración del espacio de la ciudad. Influencia tanto más grande en el caso de Madrid donde el desarrollo urbano este fuertemente condicionado, tanto por la localización de los parques históricos —procedentes del patrimonio de la Corona y que fueron cedidos al pueblo madrileño en momentos históricos significativos— como por los parques creados a lo largo de la segunda mitad del siglo XX, como consecuencia de la ejecución del planeamiento urbano.

A lo largo del siglo XIX los problemas de salubridad derivados del fuerte crecimiento urbano dieron lugar a la consideración de los parques y espacios libres como elementos imprescindibles para mejorar la calidad de vida urbana. De este mentalidad higienista participaron casi todos los estudiosos de la ciudad, y los nuevos crecimientos urbanos planeados se diseñaron concediendo una enorme importancia a esta cuestión. El proyecto de Ensanche de Madrid de 1860 preveía numerosos parques y jardines, que nunca llegaron a realizarse dadas las continuas modificaciones que experimentó el proyecto, quedando como único vestigio de esa política de verde urbano un arbolado de alineación que el Ayuntamiento plantaba cuando las calles ya estaban urbanizadas. El fracaso de los proyectos urbanísticos, en buena medida derivado de la falta de mecanismos para la obtención del suelo necesario, fue la tónica hasta casi un siglo después.

La gravedad de la situación de los espacios libres quedó en parte paliada por los logros sociales vinculados a cambios políticos de signo progresista que, entre 1868 y 1931, determinaron la cesión de algunas propiedades de la Corona al Ayuntamiento de Madrid. En 1868, se cedieron el Buen Retiro y terrenos correspondientes al parque del Oeste.

A fines del XIX y principios del XX, se distinguen en Madrid varios tipos de espacios ajardinados, con diferentes tamaños y funciones, entre los que cabe destacar, y junto con los parques ya referidos, jardines de menor superficie públicos y privados (los jardines de recreo, como El Paraiso o Campos Eliseos, con multitud de actividades), paseos arbolados y bulevares (Ferrán, Princesa y los Bulevares), para paseo y esparcimiento de la población; y las nuevas plazas, resultado de procesos de reforma derivados de la desamortización, que se ajardinaron siguiendo el modelo inglés. Se aprecian diferencias de clase en el uso de todas estas zonas, concentrándose los grupos más pudientes en la zona del Retiro, mientras que las riberas del Manzanares se configuran como un espacio popular.

Los proyectos de extrarradio y extensión del primer tercio del siglo XX no consiguieron tampoco crear una nueva estructura de zonas verdes. Así, en 1930, exista una superficie de zona verde en Madrid de aproximadamente 400 hectáreas y una dotación de 3,46 metros cuadrados por habitante, que aumenta excepcionalmente con la cesión de la Casa de Campo, recién proclamada la Segunda República (1931). Encuadrable en el concepto de parque natural, con una dimensión de 1.722 hectareas, limita el crecimiento especial de Madrid por el oeste y separa claramente a este municipio de los de la corona occidental metropolitana. Con esta cesión, se cierra igualmente un ciclo en la historia de las zonas verdes caracterizado por unos determinados procedimientos para su obtención y una distribución especial desigual, localizándose preferentemente en la zona norte municipal.

Los sucesivos planes urbanísticos de Madrid (1946, 1963, 1985 y 1997) aspiran a crear en la ciudad una estructura territorialmente equilibrada de zonas verdes, que garantice una dotación mínima de zona verde por habitante, así como una tipología variada, distinguiendo desde el jardín de barrio al parque urbano o parque metropolitano, o las zonas de aislamiento frente al viario. Entre 1945 y 1970, se crean diez parques de distrito, catorce parques de menor tamaño y treinta y dos jardines. El cambio político de 1975 trae consigo la apertura al público de 900 hectáreas del Monte de El Pardo, en 1976, e igualmente se abren los jardines del Campo del Moro, en 1978, que permanecen sin embargo como fincas del Patrimonio Nacional.

En 1980, la superficie de parques y jardines era aproximadamente de 1.000 hectáreas (se excluye la Casa de Campo y Monte de El Pardo por su carácter forestal). El Plan General de 1985 amplía en 800 hectáreas el espacio verde urbano, aumentando considerablemente el nivel de dotación, especialmente, de los distritos periféricos hasta alcanzar los 8,57 m2/habitante en zona verde urbana y de 17 m2/habitante si se añade el espacio forestal periurbano.

En la actualidad, existen en Madrid 150 parques, 925 áreas ajardinadas y 250 áreas de protección frente al viario. Del total de las 4.600 hectáreas, las zonas verdes de tipo urbano representan e141% (1.900 hectáreas) y las periurbanas, el 59% restante (2.700 hectáreas). El Plan General de 1997 pretende incrementar esa superficie en 2.500 hectáreas más y ampliar la dotación media de suelo verde urbano a 14 m2/habitante y la total a 24 m2/habitante.

Referencia[ ]

  • SANABRIA BRASSART, Cristina. Zonas verdes, en Enciclopedia Madrid S.XX


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